La Vida es un supermercado – precios (2)

La última vez he comparado la vida a un supermercado en que podemos hacer (comprar) todo lo que queremos, pero al final llegamos a la caja y tenemos que ¨pagar¨ (las consecuencias de nuestras acciones).

Si la vida es un supermercado, creo que como buenos clientes tenemos que ser listos a la hora de comprar. Y el primer paso es entender el concepto del PRECIO.

Cuando tenía 19 años pasé 2 meses en Ginebra, donde descubrí una cosa increíble: el concepto del ¨precio por kilo¨. Al  principio no entendí para que servía esta información (solo pensé que los suizos son muy raros). Así  que cuando tenía que escoger entre la enorme variedad de quesos en el supermercado, compraba el más barato (era una joven estudiante con un presupuesto limitado). Pero me intrigaba saber porque los suizos se molestaban en mencionar el precio por kilo. Entonces me di cuenta que era la única manera de saber el PRECIO REAL de las cosas. Porque no siempre el precio más bajo era también el más barato. A veces era porque el trozo era más pequeño o la calidad era peor.

Lo mismo podemos aplicar en la vida: solo sabiendo el ¨precio por kilo¨ podemos tomar decisiones sensatas.

Pero ¿cómo puedo calcularlo? No creo que haya sólo una manera de hacerlo, tiene que ver con el contexto y las personas involucradas. Y hay muchos tipos de ¨monedas¨. Pero hay un idea que me ayuda calcularlo es el concepto de ¨trade-off¨ [este concepto asume que siempre, para ganar algo, hay que renunciar otra cosa. También se puede ver como que para cualquier cosa renunciada, ganamos otra cosa…por ejemplo, para construir un coche muy rápido, hay un trade-off de falta de comodidad o un motor muy ruidoso].

Un ejemplo cotidiano: el domingo por la tarde un amigo me invita a ir al cine para ver una película que me apetece ver. Al mismo día, otro amigo me dice que tiene una tarde libre, la única en mucho tiempo. Y también estoy un poco cansada y necesito un siestita.  Entonces, el precio de cualquier actividad que escojo es el renuncio de las otras dos.

Esto es un (triste) hecho de la vida.

Pero- si en vez de dar pataletas por tener que renunciar ciertas cosas escojo a concentrarme en mi elección, en mis ganancias, puedo aprender algo no sobre el precio de las cosas, sino también sobre el VALOR de las cosas.

Porque mis elecciones, sus consecuencias y precios, son la imagen de quien soy: mis valores, mis prioridades en la vida. Ver cuánto estoy dispuesta a sacrificar para conseguir algo me muestra lo importante que es para mí.

Por ejemplo, haciendo horas extra en el trabajo puede resultar en ganando más dinero o mejor puesto pero puede costarme el no pasar tiempo con mi familia o no tener tiempo para mi ocio.

Si el precio me parece demasiado alto, quizá sea tiempo para revisar mi carrito de las compras.

Pero – si sigo pensando que mis elecciones valen la pena, eso puede recuperar el valor de cosas que olvidé a apreciar.

Y ¿qué pasa con los que no son capaces de decidir? ¿Puede que tú seas uno de ellos? Entonces, de verdad quieres que otros escojan para ti, sin tomar en cuenta tu personalidad, tus gustos, tu poder adquisitivo.

Porque si no tomas decisiones dejas que la suerte o los demás decidan por ti. Quizá así no te tientas responsable, pero eso quita tu control sobre tu propia vida. ¿De verdad quieres llegar a la caja (porque todos llegamos ahí, no hay un escape) y pagar por los ¨productos¨, las consecuencias, que otros han escogido? Porque eso me parece como el precio más caro.

Ahora, ¿estás dispuesto a examinar tu carrito y comparar los precios?

Espero que disfrutes ir de compras…

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