Un Propósito de Año Nuevo

promesas a mi mismo. foto por cookiecrook

Cuando se acerca el año nuevo, nos prometimos hacer más ejercicios físicos, pasar más tiempo con los hijos o la gente mayor, comer sano y aprender una nueva habilidad.

¿Basta con solo hacer estos propósitos? ¿Podemos hacerlos cumplir? ¿Los cumpliremos?

Lo que pasa, generalmente, es que pasando unas semanas, volvemos a nuestros viejos hábitos, olvidamos nuestros propósitos, aquellas promesas que hicimos con nosotros mismos, o aun peor: los recordamos lo suficientemente como para sentirnos culpables por no cumplirlos.

¿Qué decimos, en realidad, al hacernos estas promesas?

Queremos ser mejores, queremos mejorarnos.

Yo diría que se trata de mejorar la calidad de nuestra vida.

No prometemos ser mal educados o impacientes con nuestros queridos, no prometemos ganar más dinero o gastar más dinero. No prometemos emborracharnos o comprar cosas inútiles.

Nos hacemos la promesa de introducir conceptos valiosos y personas valiosas en nuestra vida.

Año nuevo es el tiempo de verificar nuestra serie de valores: decidimos qué es importante para nosotros y qué no lo es. Organizamos nuestras prioridades. Y eso significa anteponer los valores que son importantes para nosotros.

Pero después olvidamos. Porque es demasiado difícil y exigente, porque tenemos viejos hábitos que son difíciles de eliminar, porque requiere demasiada atención.

Entonces nos perdemos entre miles de pequeñas tareas a lo largo del día, nos dejamos llevar por las cosas que son más divertidas, por las cosas ¨chispeantes¨. Yo llamo ” chispeante¨  a cualquier cosa que es más llamativa de lo que se merece. Puede ser cualquier cosa que no nos fomenta, que no tiene valor añadido (está bien y es importante pasarlo bien, disfrutar de actividades superficiales parte del tiempo, pero cuando es todo lo que hacemos, nos deja vacíos).

Me pregunto: ¿qué significa olvidar mis propósitos, mi serie de valores, mis prioridades?

Yo creo que significa olvidar a mí misma, desviar y alejarme de mí misma, no hacer caso a mis más profundas necesidades, mi voz verdadera: la voz que me dice lo que YO necesito (y no lo que los anuncios dicen que necesito).

Ya es tiempo de prestar atención a ti mismo, respetar tus necesidades verdaderas, enfocar en averiguar cuáles son tus prioridades y entonces ser consecuente con ellas.

Es tiempo de mejorar la calidad de tu vida.

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