Un Supermercado Emocional (3)

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En un post anterior que escribí ¨no te enfades¨, hablé sobre el tema de estar disgustado y expresarlo. Y dije que cuando estoy disgustada con alguien cercano, eso lleva consecuencias.

Ahora me refiero a las consecuencias emocionales.

Por ejemplo, yo sé que cuando estoy disgustada con un amigo que no me trata bien (por ejemplo, llega tarde sin avisarme) y lo muestro, eso tendrá su precio: el amigo puede enfadarse conmigo, porque le hago sentir incomodo, culpable o ¨malo¨.

La situación puede resultar incomoda para los dos, puede hasta provocar una pelea entre nosotros. Estos posibles resultados son el precio de expresar mis emociones (en el futuro hablaré del tema de cómo expresar las emociones de manera adecuada y constructiva, pero eso no es el tema de hoy).

Pero, ¿cuáles el precio que pago por NO mostrar mis emociones a alguien que me trata mal?

Hay dos opciones aquí:

1) No darme permiso a SENTIR como me siento.

2) No darme permiso a EXPRESAR MIS EMOCIONES.

En la 1ª opción, me digo que no pasa nada, está bien. En realidad, me estoy mintiendo, conscientemente y inconscientemente. O sea, no me doy cuenta y no reconozco mis emociones verdaderas. Pero, puesto que la vida es un supermercado, habrá que pagar por eso: yo me sentiré tensa, no sabré porque me siento incomoda con esta persona, no me daré cuenta de la rabia acumulada dentro de mí y de repente, sin motivo aparente, ya no querré ser amable con este amigo o de repente ser muy abrupto con él. El amigo – y yo – no sabremos qué es lo que me pasa. Y así me convertiré en esa persona que se comporta de manera rara o maleducada sin razón.

La 2ª opción es la cual en que siento enfado, me doy cuenta de eso, pero no lo muestro. Tengo que disimular que yo esté bien e intentar actuar de manera ¨normal¨.

Pero, ya que me conozco (y en ¨yo¨ me refiero a mí misma, Miry, que llevo años trabajando en aumentar mis niveles de darme cuenta e intentar vivir de la manera más autentica posible), sé que cada vez encuentro más difícil el fingir sentir algo que no siento (o fingir no sentir algo que sí siento).  Eso crea mucha tensión dentro de mí y tarde o temprano tendrá su precio: si no puedo ser yo misma, ya no querré ver ese amigo. O seré muy fría y reservada con él, intentando mascarar mis emociones, hasta sentir y parecer muy incómoda. O seguiré coleccionando motivos para enfadarme con este amigo hasta que explote, algo que parecerá desproporcionado en un momento determinado.

Así que es verdad: no siempre es fácil decirle a un amigo, un familiar o un compañero de trabajo ¨estoy disgustada con tu comportamiento/me siento incómodo contigo/deja de hacerlo, por favor¨. Pero descubrí que es aún menos cómodo para mí comer marones (prefiero mucho más los turrones*:) happy). O, diciéndolo de otra manera – el precio que pago por ser sincera en cuanto a mis emociones me parece más económico que el precio que pago por fingir.

¿Y tú?

¿Eres fiel a ti mismo? ¿Cuán sincero eres mostrando tus emociones? ¿Y cuánto te cuesta?

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